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Será harto improbable que nadie pueda encontrarme. Me he llevado el resto de lo que no necesitaba y he dejado atrás todo aquello que siempre me había definido. Aquí en los confines del mundo me he sumergido en las aguas que siempre anhelé. Me he lavado de toda la baba gelatinosa de la melancolía que se había apropiado de mi alma y me he dejado llevar por la marea que siempre me aterrorizó por su fuerza incontrolable.

Puedo escuchar las olas romper en la orilla lejana, el perfecto ángulo de los rayos de un Sol que mengua y se dilata como las pupilas de una recién enamorada. He perdido la cuenta del tiempo que llevo bajo el agua cálida de este mar que susurra con una voz irresistible.

Quizá haya otros lugares donde hubiera soñado estar y donde haber podido conocer a la mujer de mis sueños. Calles llenas de bares en cuyas copas mi boca me habría dejado perder, camas en cuyas sábanas habría dejado mi amor. El mundo a mi alrededor siempre estuvo decorado con las personas adecuadas, la música más idónea y las conversaciones más embriagadoras.

Poco importó entonces. Siempre encontré una excusa para escapar de los beneficios de la vida y como rata en el cuento de Hamelín, seguí los cantos de sirenas que me llevaban a la sala de tortura.

Poco importa ahora. Aquí en en fondo del mar no se está nada mal. Pensaba que sería más oscuro y frío, pero lo cierto es que desde que caí aquí todo ha sido muy gratificante. En primer lugar, por fín puedo pensar con claridad y sin prejuicios. Aquí ya no importa lo que no fui y podía haber sido. No es relevante comparar lo que siento por dentro y lo que hago sentir a los demás. Mi aspecto físico ya no incomoda a nadie, el volumen se ha equilibrado con el de mi entorno y realmente no sé dónde empieza mi ser y dónde acaba.

En estas plácidas aguas por fín he llegado a la conclusión de todas las conclusiones. He conseguido el resultado de todos los resultados, la ecuación perfecta a todos los problemas en los que pueda pensar cualquier mente enferma de la vida.

Ya no estoy muerto en vida, sino que vivo rodeado de toda la muerte de lo que me imaginé que sería mi muerte. Vivo, de algún modo soy consciente de que existo.

Dedico mi tiempo a no tener límite de tiempo. Ya no sé siquiera qué es eso. Me he liberado del chirriar de los goznes de las manecillas del reloj, lejos quedó el parásito del miedo que se comía como tenia inmunda todo lo bueno que había vivido en aquellos días en los que tenía un nombre al que respondía y con el que me identificaba.

Sin miedo, puedo por fín vivir con el sueño de la belleza en todo su esplendor. Habito en el calor de su entrepierna llena de mí, en esos labios que ya no cesarán nunca de besarme, en el abrazo del que nunca nadie se cansará

Recuerda que nunca eres lo que pensaste que eras. Eres mucho más que tu frágil y caduca cáscara:

Somos fruto con pulpa infinita y jugo inagotable. Una gota que nunca toca el suelo y de la que beben todos. Una sonrisa que nunca deja de reflejarse en el rostro del horizonte.

Un adiós que se funde con todos los holas de la eternidad.

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