Image

El último invitado cerró la puerta al salir y nos dejó solos al fín. Ninguno de ellos se hubiera quedado allí incluso si le hubieran recompensado con todo el dinero del mundo. Nuestra presencia volcó el líquido de su paciencia a los bordes de su tolerancia.

Nos quedamos tú y yo, juntos de la mano como el primer día. A veces eras tú quien hablaba y ahora parece que me dejas a mí todo el trabajo. No sé si es justo después de todo lo que me has hecho operar mientras tú esperabas escondida. Observando por el rabillo del ojo todo lo que acontecía en aquellas escenas tan grotescamente deprimentes.

Nos dejaron solos en esta habitación sin esquinas, el techo agrietado bajo el peso de una enorme rama que se aferra a nosotros como la garra de un enorme ave carroñera esperando el tiempo que haga falta para saciar su hambre con impaciencia. El suelo emerge como la marea en una costa en la que las olas no tienen ya energía para volver a su hogar.

Me prometiste que cuando el momento llegara tú te harías responsable de todo lo que hicimos juntos. Me hiciste creer que existía un futuro en el que los dos caminaríamos juntos hasta el fin de los días.

Y no me fallaste.

Aquí estamos tú y yo, las dos caras de la moneda pegadas la una a la otra sin posibilidad de vernos a la cara ni darnos un abrazo.

Condenados a caminar en este pozo de soledad infinita juntos de la mano, privados del placer de fundirnos en el olvido con un último beso en el horizonte.

Advertisements