Chapter 13th, Epilogue

6891f1fd0786622d2f17f2e1955cb19c

And thus, it ends this journey of recovery.

Make no mistake, it ends in its current form. The trip to knowledge surely continues, but the borders of the pages become way more diffused. Chapter 13th was a way to deal with the pain of the existence of the Me when all you wanted was the Us. I think I am a little closer to that now and I’m surely ready to take another step.

I will see you in another chapter, with another name and hopefully with intriguing paths.

Until the next line

El destino inimaginable de la última gota de agua

Image

Será harto improbable que nadie pueda encontrarme. Me he llevado el resto de lo que no necesitaba y he dejado atrás todo aquello que siempre me había definido. Aquí en los confines del mundo me he sumergido en las aguas que siempre anhelé. Me he lavado de toda la baba gelatinosa de la melancolía que se había apropiado de mi alma y me he dejado llevar por la marea que siempre me aterrorizó por su fuerza incontrolable.

Puedo escuchar las olas romper en la orilla lejana, el perfecto ángulo de los rayos de un Sol que mengua y se dilata como las pupilas de una recién enamorada. He perdido la cuenta del tiempo que llevo bajo el agua cálida de este mar que susurra con una voz irresistible.

Quizá haya otros lugares donde hubiera soñado estar y donde haber podido conocer a la mujer de mis sueños. Calles llenas de bares en cuyas copas mi boca me habría dejado perder, camas en cuyas sábanas habría dejado mi amor. El mundo a mi alrededor siempre estuvo decorado con las personas adecuadas, la música más idónea y las conversaciones más embriagadoras.

Poco importó entonces. Siempre encontré una excusa para escapar de los beneficios de la vida y como rata en el cuento de Hamelín, seguí los cantos de sirenas que me llevaban a la sala de tortura.

Poco importa ahora. Aquí en en fondo del mar no se está nada mal. Pensaba que sería más oscuro y frío, pero lo cierto es que desde que caí aquí todo ha sido muy gratificante. En primer lugar, por fín puedo pensar con claridad y sin prejuicios. Aquí ya no importa lo que no fui y podía haber sido. No es relevante comparar lo que siento por dentro y lo que hago sentir a los demás. Mi aspecto físico ya no incomoda a nadie, el volumen se ha equilibrado con el de mi entorno y realmente no sé dónde empieza mi ser y dónde acaba.

En estas plácidas aguas por fín he llegado a la conclusión de todas las conclusiones. He conseguido el resultado de todos los resultados, la ecuación perfecta a todos los problemas en los que pueda pensar cualquier mente enferma de la vida.

Ya no estoy muerto en vida, sino que vivo rodeado de toda la muerte de lo que me imaginé que sería mi muerte. Vivo, de algún modo soy consciente de que existo.

Dedico mi tiempo a no tener límite de tiempo. Ya no sé siquiera qué es eso. Me he liberado del chirriar de los goznes de las manecillas del reloj, lejos quedó el parásito del miedo que se comía como tenia inmunda todo lo bueno que había vivido en aquellos días en los que tenía un nombre al que respondía y con el que me identificaba.

Sin miedo, puedo por fín vivir con el sueño de la belleza en todo su esplendor. Habito en el calor de su entrepierna llena de mí, en esos labios que ya no cesarán nunca de besarme, en el abrazo del que nunca nadie se cansará

Recuerda que nunca eres lo que pensaste que eras. Eres mucho más que tu frágil y caduca cáscara:

Somos fruto con pulpa infinita y jugo inagotable. Una gota que nunca toca el suelo y de la que beben todos. Una sonrisa que nunca deja de reflejarse en el rostro del horizonte.

Un adiós que se funde con todos los holas de la eternidad.

Aside

Dibujando mi palabra perfecta en sus labios

adios

Si tuviera que decir una palabra en este momento, no tendría ni idea de cuál elegir de entre la maraña de epítetos, hipérboles y otras criaturas que pululan en mi cerebro.

Quizás adios sea la primera que me venga a la mente.

Si comparas este vocablo con cualquier otro de los que pueda hallar en mi mente, podríamos sin duda llegar a la conclusión de que éste es el único que no se verá acompañado por otros al final de su camino. Es esa propiedad mágica contenida en su interior que consigue de manera instantánea callar las voces que se condensan a su alrededor. Qué cierto es que resulta cada vez más complicado conseguir que una de las dos partes que emiten estas cadenas interminables de quejidos hilados entre sí en forma de monológicas sinfonías dejen de intentar competir en cuál la tiene más larga.

Adios supone el corte final e irreversible a cualquier secuencia, no importa el carácter o intención de la misma previa intervención del movimiento final de sus tijeras.

Si os dáis cuenta, no se usa en demasía esta palabra. Se la considera apartada del espectro social por su propia culpa, como un apestado individuo al que se ha abandonado con su botella de vodka barato y al que sólo se le usa en las conversaciones cuando aparece en el horizonte de la mirada para arruinar cualquier atisbo de romanticismo veraniego.

Figúrate tú cómo está el patio, polaco en este caso.

Pensando en todas estas filológicas danzas en forma de cul de sac se me ocurrió que el paso de la edad está poco a poco transformando la velocidad y el tempo de mi percepción. En términos gramaticales es como si cuando uno es jóven todo está escrito en clave de pretérito indefinido: acción, cuenta atrás, velocidad máxima, acelerador pisado a fondo…como una rana que salta de uno a otro de los nenúfares succionando todo lo que encuentra a su paso.

Con el paso del tiempo todo se vuelve más lento, se observa más, se escudriña el paso del aire en cada una de sus ráfagas. Todo es imperfecto, morfológicamente perspicaz. La vida te hace ver el código de Matrix, la sucesión de Fibonacci hallada en el interior de un sorbo de café, en el anhelo del contacto delicioso de unos labios femeninos que se abren y cierran al paso de mi último adios en su seno.

El peso de lo que nunca debió ser pesado

Image

Una vez pasó que el espectáculo empezó sin los artistas en el escenario. De una manera natural y, como si se tratara de algo completamente lógico, la función comenzó sin los actores. No había nadie allí delante, ningún fracasado con ilusiones de grandeza había aterrizado en aquel teatro de cuarta en aquella ciudad de quinta categoría.

A nadie pareció importarle.

Las miradas se agolpaban intermitentemente entre un ángulo y el otro de la escena y los espectadores comían sus tentempiés de diversa índole bajo el toque atento de una saliva creativa que no dejaba de salir de aquellas bocas sin cierre.

La música la ponían los propios espectadores sin pretenderlo. Las guitarras consistían en el paso de los dedos finos y suaves de las muchachas de pelo fino y sedoso, los bajos consistían en un retumbar contínuo y acompasado de los latidos de los asistentes; la percusión era obra de los dedos de aquellos señores cuya impaciencia los impulsaba a tocar de manera repetitiva la superficie de los costados de sus butacas.

Pasaron 50 minutos y seguía sin haber ni rastro del grupo teatral que se suponía tenía que representar una obra de Beckett. Probablemente algo rimbombante que había llenado de orgullo a todas aquellas personas en el momento de justificar el elevado pago de aquellas entradas en un día corriente entre semana. Más de uno había sufrido del mal del comprador de mano rápida y picha floja. Uno de tantos que se enorgullecía de lo que más carecía.

Pero no, aquello no estaba defraudando a nadie.

Una obra perfecta en su sincronía con la metáfora del vacío de la incomprensión atemporal del compendio metafísico de lo infinito recorrido en un intervalo de tiempo impreciso.

Los críticos se habían empeñado en otorgar esos calificativos a una obra sin precedente alguno. Los presentes se sintieron bendecidos por la posibilidad de haber sido parte de todo aquello.

Cuando por fín los actores entraron en escena los espectadores habían abandonado la sala, dejando ese rastro de palomitas rancias en las axilas correosas de los asientos y el rastro de su perfume de las navidades pasadas suspendido en el aire.

Cuando la función por fín se decidió a comenzar no había nadie para presenciarlo.

Aside

Clockwise dead

 

Image

Sometimes he felt as if he was living a time that was not supposed to be lived by him. It increased the feeling of guilt and remorse, as if that time had been stolen from someone who needed it more and instead was nicely wrapped by some unclean people. A gift given to him as a present he didn´t deserve. Or maybe it was a sign of empathy from a world he had spent much time time trying to impress and please.

But tonight he felt that the big bottle of oxygen on which he leant his back was starting to run empty. The alarms had been ringing for some time but he had imagined they belong to others who were about to drown. He took for granted the bottle would last enough for him to get up first and fight for his own breathe again.

But the infinite tomorrow has become the eternally dry today, the oxygen evaporated through every single pore of his skin.

All that is left in this room is carbon dioxide, that molecule that has turned into a black raging horse that will inevitably catch you on your run to freedom. Death has finally reached him, sent him e-mails, letters and all sorts of messages. It wants to make sure he knows it is here at last.

The air is thicker and darker, every move is tougher to be executed. The pain is no longer merciful with him, but surprisingly he crossed the realm of tolerance. It doesn´t matter anymore.

Blurry hands, the dance of the choked ones, the melody of decadent distortion has come.

And it won´t go away this time.

 

Red is all I got from you

Image

Red was all I was able to see after you came to me and offered me to taste everything you had in you. You told me I was welcome to take off your clothes and explore every inch of the skin that covered all that warmth inside. From the white surface of your thighs, curving the shadow of my tongue darkening it forever. Through the trembling pink, soft and powerfully ripe with the flavor of you, to the red in it all that ran through my throat and filled me up with all the thoughts and desires you had inside you for so long.

I didn’t give you anything from me, you didn’t seem very interested in it. My skin already crossed by the tools of experience and decadence. My colors fading, becoming blurred and less vivid. My body was once taken prisoner, kept alive by thieves that took all it had. What would you have wanted out of it? The void, the fall of man taken in the space of a desperate passionate yet confused kiss?

Your eyes closed slower with my lullabies, never to be opened again, entering the realms without backdoors or safe exits.

It was never you that I desired. I was never one to be desired.

And the pain that I caused you it was all that you were able to accept. I took all the colors you once were painted with and I turned them into one single big splatter of crimson red.

Your red is part of everything now. Past and past again. For the present is no longer a part of this story.

All is left from you are those red stains over the bed, scattered around from bigger to tiny storm drops that claim your victory over a body that had tied you up to the slavery of life.

You are gone forever, but your seeds of pain and despair will grow wilder inside my brain after this. I will scream in increasing agony day by day, until someone will finally turn me all into my own private red.

Wszystko za darmo

Image

Hoy me encuentro en otro extremo del espectro humano. La Naturaleza ha sido devorada por las casas repletas de ventanucos cubiertos del plástico pálido de la intolerancia.

Me viene a la mente la imagen de un pasillo en un hospital cualquiera. Mi barbilla está partida en dos, las caídas hace tiempo que dejaron de ser fortuitas.

Memorias de la Antártida. Sin Meryl Streep pero lleno con estepas cosidas la una y la otra bajo el manto de tiritas desnudas de humanidad.

Me siento y tomo un café. Al fín y al cabo el café es igual en un bohemio café de Roma que en cualquier centro comercial del mundo. Las mesas están más limpias, eso sí, rezumando el olor de productos de limpieza de nuestra propia casa. Quizás es ese el objetivo: que te sientas en tu hogar, que consumas como lo haces en él. Que trates a la camarera como a tu pareja o a alguien de tu familia. En resumidas cuentas que uses lo que quieras, que ellos se encargan de todo.

Mi camarera parece salida de cualquier película porno que hayas podido ver en esas noches solitarias entre semana.

De nuevo nos venimos arriba.

El frío se ha quedado para siempre en los flecos de esa sonrisa que consigue despertarme de modo más eficaz que cualquier café del mundo

Miro a mi alrededor y comprendo al instante la sonrisa cómplice de la camarera: mis compañeros de sala superan con amplitud la cincuentena. Esas permanentes que aplacan la senectud del cabello, los colores asépticos, el aroma amorfo de lo religiosamente adecuado.

– ¡Coño, es domingo! ¿qué hacen aqui?

– Deben estar jugando al bingo con los números de serie marcados en los billetes del tranvía.

El día que venga después de otros tantos como éste quizá me regale en exclusiva un cuerpo tan particular como el de mis vecinos. Adornado por todo el esplendor de la flacidez. Ahora al menos una parte de mí impide que sea idéntico a ellos, esa parte que me otorga todo el calor necesario para sobrevivir al largo invierno de la soledad que me embarga desde hace tantos meses. Este centro de gravedad negativa, cálido y tembloroso que sólo obedece a los movimientos de esa camarera rubia a la que hace tiempo nadie ha piropeado.

Su compañera en cambio me recuerda a una presentadora de televisión. Uno de esos programas en los que la gente sale de su anonimato por unos minutos y cuenta toda su vida íntima delante de millones de espectadores que están semidespiertos al otro lado del sucio vidrio comercial.

Mis vídrios están más limpios, pero mi alma está bastante más sucia que la de esos desdichados a los que pagan por contar sus miserias.

Tenéis suerte, yo no cobro nada. Mi verborrea es gratuita. Sentáos, que continúo.

Descubrir a fín de cuentas que la presencia de uno despierta el interés de algún que otro desconocido es a la vez algo te te place y te disgusta. El ego crece al compás del cosquilleo que repta en la piel de la zona cálida que mencionábamos antes. Pero al mismo tiempo el paso de la experiencia y de los sonoros y rotundos fracasos sentimentales con los que mi vida ha menguado sobremanera, ejercen un peso muerto sobre mí que finalmente vence al fragor de la victoria hormonal.

Entonces pienso: si el envoltorio no es tan feo, ¿cómo es posible que al final todas me dejen por otro?

Sí, señora. Por cualquier otro, no importa.

El interior de este particular envase que esta gente ve está muy probablemente vacío, sólo visitado por la amargura de la ausencia de cualquier tipo de valor y con el intenso aroma de la contínua decepción que provoco en todas las personas que comparten espacio conmigo.

Lo más soso que jamás haya probado boca alguna.

En resumidas cuentas, y mientras acabo mi café en este lejano pero nutrido centro comercial, me doy cuenta al fín de que la naturaleza de lo que más detesto en la vida no es nada ajeno a mí. Lo conozco tanto porque dentro de mí sólo soy eso: un regalo decepcionante con algo vulgar y común en el interior.

Un artículo en oferta que no debías haber comprado por que te das cuenta de que es completamente inútil, obsoleto, anodino.

Gratis, pero inútil.

 

Solos en mí

Image

El último invitado cerró la puerta al salir y nos dejó solos al fín. Ninguno de ellos se hubiera quedado allí incluso si le hubieran recompensado con todo el dinero del mundo. Nuestra presencia volcó el líquido de su paciencia a los bordes de su tolerancia.

Nos quedamos tú y yo, juntos de la mano como el primer día. A veces eras tú quien hablaba y ahora parece que me dejas a mí todo el trabajo. No sé si es justo después de todo lo que me has hecho operar mientras tú esperabas escondida. Observando por el rabillo del ojo todo lo que acontecía en aquellas escenas tan grotescamente deprimentes.

Nos dejaron solos en esta habitación sin esquinas, el techo agrietado bajo el peso de una enorme rama que se aferra a nosotros como la garra de un enorme ave carroñera esperando el tiempo que haga falta para saciar su hambre con impaciencia. El suelo emerge como la marea en una costa en la que las olas no tienen ya energía para volver a su hogar.

Me prometiste que cuando el momento llegara tú te harías responsable de todo lo que hicimos juntos. Me hiciste creer que existía un futuro en el que los dos caminaríamos juntos hasta el fin de los días.

Y no me fallaste.

Aquí estamos tú y yo, las dos caras de la moneda pegadas la una a la otra sin posibilidad de vernos a la cara ni darnos un abrazo.

Condenados a caminar en este pozo de soledad infinita juntos de la mano, privados del placer de fundirnos en el olvido con un último beso en el horizonte.

El arte de llenar los huecos con toda la hermosa plenitud de los vacíos

Image

Como un ente autónomo dentro de otro ser más grande, encerrado como una muñeca rusa en ese otro yo al que saluda la gente por la calle, me he hecho pequeño dentro de un cuerpo que debería haber ocupado en su totalidad. Es como si hubiera encontrado una vía dolorosa en lo más profundo de mis entrañas y hallado un hueco entre toda aquella víscera existencial para depositar toda la carga de mi miseria. 

Un oasis en el que he acampado y no tengo previsto evacuar.

Desde aquí puedo disfrutar de unas vistas magníficas: puedo ver vuestras caras, gestos y de algún modo nada de lo que hagáis me puede llegar a afectar lo más mínimo. Lo bueno es un paquete que llega con la fecha de caducidad rebasada, un halo de aire que sale de tu boca en pretéritas noches de invierno. Lo malo es sólo un eco de una canción que quiere existir en los centímetros que se abarcan entre el pozo de una oreja y su hermano gémelo.

Hago una pausa para observar el mundo al otro lado de mi otro yo.

El maldito hijo de la vieja puta del balcón constantemente muestra con su paso diestro y decidido que es el dueño de la calle. Se dedica a proferir una serie de contínuos movimientos espasmódicos con los que intenta emitir palabras que tengan sentido para los demás. No es sino un hombre pez para mí, luchando vanamente por encontrar aire en un mundo que terminará por devorarlo sin piedad. 

Y dentro de mí sigue sin moverse gran cosa.

Percibo al otro lado de mi vista una boca de mujer exhalando humo a través de unos labios que se tiñen rápidamente con la blanca niebla que evoca a las blancas olas que golpean suavemente y hacia afuera la hermosura que le espera en su carnosa orilla.

Me imagino un poco más acerca de ella y de repente me ofrece una calada que me invita a participar de este suave vaivén de aire que ya nunca será tan tóxico para mí. No me envenena, pero tampoco me hará circular mi sangre con mayor potencia. 

Simplemente fluye.

Nuestros dedos se tocan para pasarnos una y otra vez el testigo de lo que compartimos como si no nos quedara nada más en el mundo que compartir. En el bar de los colores, el blanco es el nexo de unión entre almas ennegrecidas por el paso del tiempo en la penumbra de una soledad creciente y angustiosa.

De repente ella ya no está sola y yo me tengo que largar de allí.

Como siempre las mesas están reservadas para otros. En esta ciudad nutrida de noctámbulos de diferente credo, me temo que mis huesos nunca caerán dentro del selecto club de los elegidos para la gloria de la decadencia.

Beben, viven, pasan.

Yo me quedo.

Vuelvo.

Me voy sin irme.

Me quedo sin entrar o salir de aquí.

Soy y estoy.

Ya.